En 1915 Laherty creó el psicógrafo. El aparato, que hoy se halla en el Museo de Aparatos Médicos Cuestionables, establecía teóricamente nuestra personalidad con los presupuestos de la frenología, encontrando las zonas donde reside la maravillosidad, o el amor por lo fabuloso; la amatividad, que puede engendrar el amor apasionado; la concienciosidad, o amor a la verdad; y entre otras, hasta treinta y seis localizaciones, la esperanza, que predispone a las empresas irreflexivas y a la fe ciega. Antes, Lombroso había fijado la tipología física del criminal nato, los rasgos orgánicos, que juzga decisivos para la creación de un delincuente. Y en todos esos años, florecieron las recomendaciones que ahora juzgamos grotescas para detener el enfermizo hábito de la masturbación, entre las que sobresalen el uso de la camisa de fuerza, el estudio de la matemática, la natación, colocar bolsitas de alcanfor en la entrepierna, o aplicar sanguijuelas a los genitales para extraer la sangre y supuestamente disminuir la congestión provocada por el deseo (o lo que es lo mismo, evitar que se te “hinchen los cojones”).
El hombre trataba de medir las pasiones, de localizarlas, y al mismo tiempo que avanzaba saltándose los límites de la naturaleza en la prevención y en el combate de la enfermedad, en la descripción de los fenómenos físicos, en la predicción de las órbitas de los cuerpos celestes y las partículas subatómicas, intentaba resolver las incógnitas capaces de explicar el amor, de computar la pasión, de crear los instrumentos y los mecanismos que convirtiesen la emoción en algo medible, predecible, cuantificable. Pero nuestro físico no nos predestinaba al mal ni al bien, ni estábamos condenados a soportar la enfermedad, ni el placer debía ser frenado, ni el deleite en lo maravilloso tenía la forma de un pequeño hundimiento craneal.
Pienso constantemente en el renacimiento, en la resurrección, en la reencarnación. Una escuela psicológica dice que nacemos dos veces, una como hijos y otra como padres, que la paternidad es un hecho fundacional, que supone el inicio de un nuevo yo. ¿Solo la paternidad? ¿No podemos recrearnos? ¿No podemos reformarnos? Como una salmodia, me doy cuenta ahora de lo muy a menudo que escuchaba la frase en sus distintas versiones que dice: “no se puede cambiar, no se cambia, quizá más joven, pero a esta edad ya no se cambia…” Me gustaría demostrar que es falso. Sí se cambia. No sabía nadar y aprendí. Y seré un buen nadador. No sabía matemática y aprendí, y nada de esto disminuyó otros apetitos. Podemos moldear nuestro cuerpo y nuestro espíritu, podemos desenmascarar nuestro orgullo, podemos exterminar nuestras adicciones, podemos apaciguar nuestra cólera, podemos mirar con ojos de niño, podemos llevar el esfuerzo físico hasta niveles extenuantes, exagerados. Porque a veces se necesita saber hasta donde se llega con la fuerza de la voluntad, hasta donde la voluntad es capaz de cambiar lo existente. ¿Es eso posible? Pienso mucho en ello. ¿Podemos cambiar el mundo solo con nuestro deseo, con nuestra voluntad. El mundo al cabo, es también el deseo de otros, la voluntad de otros, que chocan con la nuestra. Entre creer y crear hay sólo una letra de diferencia. ¿Es verdad eso? ¿Es medible? ¿Es científico? O se trata solo de un juego de palabras ingenioso.
Sigo amando encendidamente, con una enormidad que no soy capaz de describir, que he renunciado a intentar exponer, y después de muchos meses de vivir un amor sin recompensa, no me encaja la idea del abandono. No digo derrota porque no creo que se deba considerar en términos de éxito o fracaso, pero sí de desánimo. De abdicación. No comprendo esta idea. En su lugar, habita en mí otra, delirante, sobre la inevitabilidad de lo bueno, de lo elevado.
En una ocasión, mientras yo creía estar desgranando un razonamiento de absoluta lógica matemática, alguien me contestó riendo: “Vosotros los artistas! Que cosas decís! Siempre tan románticos, la vida no es así”. Y entonces, hay que pensar…¿no es así? ¿no es así cómo? Y ahí comenzó un largo proceso, de meses, de reflexión sobre la certeza de las ideas que estaban integradas, que sostenían mi forma de ver el mundo. ¿Eran de verdad? ¿Existe el amor inmortal, ese que permanece aún en la distancia, en la pobreza y la frustración, durante años, durante décadas, durante eras, y si acaso hay otras vidas, en otras vidas, venciendo a la muerte, transmitiéndose en infinitas existencias? ¿Existe el amor de El amor en los tiempos del cólera? Y si existe en esta vida, en este mundo ¿adquiere su recompensa algún día? ¿Existe todo lo que he imaginado en mis fantasías románticas? ¿Vence el bien? A esto me refiero cuando digo que están en juego más cosas. Si quiero mucho una cosa…¿la consigo? Si cierras muy fuerte, muy, muy fuerte los ojos, cuando aparece sobre el mar el último rayo verde, cuando surca el cielo un meteoro, cuando apagas todas las velas de un soplo ¿se cumple tu deseo? Por qué no puedo cambiar, dónde está escrito, por qué no se puede renacer, perseverar en lo bueno y arrancar las imperfecciones con el escoplo, como puliendo una estatua hasta dejar el mármol suave y liso. Por qué no puede una persona llegar a gustarse, sin más recompensa y al mismo tiempo mantener su bandera de ilusiones ondeando en el fuerte cercado por la vida. ¿Por qué no pueden cumplirse los sueños? ¿Hay una ley física que lo impida? ¿Por qué es imposible lo que decimos que es imposible? ¿Hasta donde llega el poder de crear? ¿Existe ese poder? ¿Se puede crear en lo real, o solo en la literatura?
Lo que está en juego, va más allá de ese amor superlativo e invencible, lo que está en juego habla de más cosas, habla de la honradez, habla de la rectitud, habla de la justicia. Lo que está en juego es la concepción del mundo, de cómo estar en este mundo, de cómo habitarlo, de cuando saber si uno debe ser “razonable”, retirarse, rendirse, o por el contrario, saber que nunca hay que rendirse. Saber si nuestros deseos exhalados en el aire se transmutan en materia, se solidifican en el mundo real. ¿Podríamos merecer cumplir un sueño de esa envergadura, podríamos merecer un amor de esa intensidad si no estuviésemos dispuestos a darlo todo, por encima del tiempo, por encima de la propia vida, soslayando el dolor de la ausencia?
A veces escucho, “ponte un límite temporal, por ejemplo, digamos 6 meses, y luego intenta pensar que hay otras personas, otras cosas, hazte a la idea…..” Y entonces, esto a mí solo me despierta estupefacción, y no concibo un razonamiento de este tipo. Es tan ridículo un “límite temporal”, tan absurdo siquiera pensarlo. Aquello que el día antes del límite es la ilusión, el deseo más profundo, que estalla en dibujos multicolores, que vive en nuestro interior en cada instante, que hace que deseemos ser mejores en un proceso interminable para intentar estar a su altura fabulosa, aquello que anima en la aspiración de lograr la felicidad completa, de vivir, aquello que convierte respirar, mirar, caminar, admirar lo que nos rodea en un proceso donde siempre puede aparecer lo mágico,…..al día siguiente, cuando ese límite temporal vence.. ¿debemos asfixiarlo, alejarlo, exiliarlo? Porqué debería hacer tal cosa, ¿qué sentido tendría? ¿No era justo, no era hermoso, no era bueno? ¿Por qué entonces intentar eliminarlo aunque no se haya cumplido? ¿Por qué hay límites? ¿No estamos aquí para superar los límites?
A adaptarse a lo banal, a lo cotidiano, a lo “posible” es a lo que se le llama “ser razonable”. Y yo, que no sabía amar, y yo, que no sabía gozar de lo vivo, que no sabía asombrarme con lo fantástico, no quiero ahora dejar de amar así. Es hermoso, es bueno, es puro, es justo. No sé porqué tendría que abandonarlo. No sé por qué tendría que perder la fe en lo sobrenatural, en lo mágico, en las fuerzas superiores inmedibles, no localizables con máquinas de impulsos eléctricos, las fuerzas del amor por lo maravilloso, del amor apasionado, del amor a la verdad, de la fe ciega, de la belleza, de lo hermoso, de la música, que nos puede alimentar, restituir del pozo del dolor, resucitarnos. No puedo creer solamente en la existencia de las otras fuerzas, el electromagnetismo, la nuclear fuerte, la nuclear débil, la gravitación…¿son las únicas demostrables, cuantificables? Si así fuera, a qué perder el tiempo. Adaptémonos a lo real, seamos razonables, hagámonos a la idea, no sufras más, olvida, hay más cosas. ¿Pero alguien se ha molestado en demostrar que no existen otras? ¿Algún físico ha medido la masa, la longitud de onda, la energía de mi amor insobornable, de mi deseo, de mi esperanza, de mi compromiso tenaz con lo que es hermoso, bueno, puro, justo?
Hay más cosas en juego. Me juego saber si vale la pena soñar o no, si los sueños son posibles, me juego mi integridad como soñador. El mundo, los antiguos amores, los amigos, nos repiten una y otra vez: “no se puede cambiar, nadie puede cambiar”. Lo escuchas en la televisión, te lo susurran al pasar los tenderos de tu barrio, el paisaje cotidiano, te lo repite: “no cambiarás, nadie puede cambiar, no se cambia”. Porque si uno no puede siquiera cambiarse a uno mismo, ¿a qué soñar? ¿a qué desear con modificar lo que está fuera de nosotros? Lo real quiere que bajemos los brazos, que nos revelemos ante su tiranía de hechos consumados, de repeticiones, de sabiduría de campanario y charla de café. Esto siempre ha sido así, esto siempre será así. Lo real quiere que no imaginemos, que nos alineemos en la fila, que levantemos la mano cuando pasa lista y participemos disciplinadamente en su desfile grisáceo. Lo real quiere que comerciemos en su cambalache de mercadillo, económico, moral, sentimental, quiere unir el amor a la recompensa para convertirnos en mendigos, en esclavos de la compensación. Interiorizamos que la fantasía no da de comer, que soñando no se consiguen las cosas, que el amor debe ser correspondido, que no existe sin ser alimentado. Y entonces, extiendes tu mano de mendigo y lo real te premia con otro amor, otro que sí da cosas. No era el tuyo, pero confórmate con este, que da caricias también, que te escucha, que te habla, y sin embargo el tuyo era mudo, sordo, sin brazos, no vivía más que en tu deseo, en el mundo sin forma, no existía, no se podía pesar, no se podía cambiar, comprar o vender. Lo real nos pide que nos adaptemos. Adaptarse es el verbo que enmascara Conformarse, y la excusa es buscar nuestra felicidad. La mereces, nos dice. Si no está aquí, búscala en otro lado, lo que sueñas es imposible, cambia de objetivos, renuncia, sé inteligente, no pierdas el tiempo en ensoñaciones, intenta ser feliz.
No sé si mis deseos pueden llegar a molificarse, a cristalizarse. No sé si todo ese amor que genero, se convierte en ondas de energía que pueden atravesar cientos de kilómetros para llegar a su destino. No sé si cuando acaricio el aire, alguna molécula de ese aire viaja dominada por mi deseo de acariciar hasta posarse en la piel que imagino, no sé si ella puede recibir el calor que yo creo, con mis manos, extendidas al cielo, y cada noche, cada mañana, cerrando los ojos muy, muy, muy fuerte, no en mi ficción literaria sino en mi noche real, en mi sueño real, y concentrándome en que mi pasión cruce el aire infinito, atraviese la meseta y se pose en su pelo. No sé si puede sentirlo, no sé a donde va, en qué se transforma toda la energía que yo derrocho, en caudales inagotables, cada minuto del día pensando en ella. No sé qué ocurre con la que generan mis conexiones neuronales, centenares de miles, dispersando mi amor por ella en cada chasquido eléctrico, capaces de iluminar, de calentar, planetas enteros. No sé si llega a algún sitio, no sé siquiera si existe esa energía. Pero el mundo donde no existe, el mundo donde no se construyen maquinas imaginarias que midan sentimientos, el mundo donde la fantasía no da de comer, el mundo donde no hay que pelear los sueños imposibles, hasta el desmayo, hasta la muerte, y aún después de la muerte….a mí ese mundo, no me gusta. Yo no quiero ponerme en la fila del comedor de lo real, esperando el potaje que dejan caer en la bandeja con un golpe desganado de muñeca. Incluso aunque fuera nutritivo y saludable. Yo quiero soñar con los postres más deliciosos y dulces que pueda imaginar, buscarlos, buscarlos, buscarlos, y quizá algún día se deshagan en mi boca, y si no, que mi sueño sirva para otros, que lo que yo sueñe, otros puedan vivirlo. Yo no sé si quiero entender qué es razonable y qué no. No sé si quiero dar el giro de lenguaje y conciencia que nos hace convertir lo justo, lo hermoso, lo puro, lo bueno, en lo imposible, en lo inalcanzable, en lo quimérico, en lo fantasioso, como si fantasioso fuera algo insultante. Con qué facilidad convertimos las esperanzas en utopías, con qué facilidad bautizamos con el nombre de imposible. Hasta donde estamos dispuestos a aceptar lo real. No puedes cambiar, confórmate, no esperes que te vuelva a amar, confórmate, no desperdicies tu tiempo amándola, soñando por lo imposible, confórmate.
Pues vaya, que a mí no me sale de los cojones.
Y si se me hinchan mucho……….pues me pongo sanguijuelas.
martes, 16 de septiembre de 2008
viernes, 25 de enero de 2008
Los secretos
Hace años hubiese pensado esto como una batalla. Una ciudad asediada y un ejército invasor. Hubiese planeado estrategias, calendarizado ataques. Buscaría debilidades, resquicios donde poder entrar. Quizá haría ataques desesperados, y otros calculados. Pero ahora no. No hay actos heroicos que realizar, inútiles y que además, son el recordatorio constante de los que antes no se produjeron. Si fuese una batalla, tendría otras armas en el arsenal que aún no he usado, algunas pequeñitas, otras menos. Pero como no lo es, me las guardo para mí, para no usarlas como arma, si no, si llega el día, mostrarlas como deben ser mostradas, no para conseguir nada, no para convencer, si no para regalar, sin necesitar nada a cambio que la felicidad del otro. Mientras tanto, son mis secretos, algunos muy pequeñitos, y otros menos.
jueves, 24 de enero de 2008
Felicidad
En la noche de la angustia, estos días hubo rayos de bellísima luminosidad. En los pequeños trabajos realizados, en cada doblez de papel, el ínfimo regalo en comparación con lo que podría regalar era una absoluta y plena felicidad. El poner mis sentidos y mi corazón en tu alegría......¡era tan hermoso! Hubo hace tiempo otro tiempo así. Luego se coló por alguna parte la rutina al principio, luego serpientes peores. Y había una queja tuya, pronunciada a veces y otras en el aire. ¿por qué viví esto solo por escrito? ¿por qué lo disfruté tan poco en la realidad? Y el estallido aquel de amor yo también lo gocé tan poco!! Dios mío, con lo hermoso que era. Correr al ordenador en los días festivos. Quedarse sin comer, esperando ante la pantalla, y luego desfallecer a veces, recuerdo llorar cruzando la gran vía, al principio, a tu lado, diciendo, dios mío, como te quiero, como te quiero. Alina, Alina, Alina, me llenaba solo pronunciar tu nombre. Alina, Alina, Alina, Alina, y repetirlo era más necesario que respirar. ¿Cómo dejé de desear vivir eso? ¿Cómo empecé a vivirlo solo a veces, y por dentro, solo yo? ¿por qué lo oculté? ¿por qué no supe elevarlo, transmitirlo, regalarlo cada día?
Si el dios del amor, me diese una segunda oportunidad, guardaría éste que me quema como un tesoro incombustible. Cumpliría, esta vez sí, mis promesas antiguas de hacerlo cotidiano, que cada día fuera una celebración del querer. Que cada día fuese radiante y lleno de luz en el pequeño mundo de los dos. Defendería contra todo y contra todos este estado de emoción incontrolada, de amor puro e invencible. Sería un amor juguetón, generoso, charlatán. A todas horas mostrándose, queriendo hablar. Hablar, hablar, a veces con palabras, y otras veces, con el cuerpo tembloroso, y solo con los ojos, musitando la única palabra que la emoción me dejaría pronunciar, Alina, Alina, Alina, Alina. Con los ojos tintileando en una felicidad plena y eterna. La que tuve y perdí. Vendrá otra vez la angustia, pero entonces como las caricias a los niños en las noches de pesadilla, yo me diré a mi mismo, Alina, Alina, Alina, Alina. Alina, Alina, Alina, y volveré como a querer salirme de mi mismo, como si el cuerpo fuese la carcel de una onda enorme e, incluso así, me llenaré de felicidad. Alina, Alina, Alina. Pintaría cada centímetro de las paredes con él. Lo gritaría por las calles. Alina, Alina, Alina. Lo llevaré en mí, en mi boca siempre, como una bandera. En la lucha cotidiana por ser una persona mejor, por construir, por amar, Alina, Alina, Alina, tu nombre será quien me guíe.
Si el dios del amor, me diese una segunda oportunidad, guardaría éste que me quema como un tesoro incombustible. Cumpliría, esta vez sí, mis promesas antiguas de hacerlo cotidiano, que cada día fuera una celebración del querer. Que cada día fuese radiante y lleno de luz en el pequeño mundo de los dos. Defendería contra todo y contra todos este estado de emoción incontrolada, de amor puro e invencible. Sería un amor juguetón, generoso, charlatán. A todas horas mostrándose, queriendo hablar. Hablar, hablar, a veces con palabras, y otras veces, con el cuerpo tembloroso, y solo con los ojos, musitando la única palabra que la emoción me dejaría pronunciar, Alina, Alina, Alina, Alina. Con los ojos tintileando en una felicidad plena y eterna. La que tuve y perdí. Vendrá otra vez la angustia, pero entonces como las caricias a los niños en las noches de pesadilla, yo me diré a mi mismo, Alina, Alina, Alina, Alina. Alina, Alina, Alina, y volveré como a querer salirme de mi mismo, como si el cuerpo fuese la carcel de una onda enorme e, incluso así, me llenaré de felicidad. Alina, Alina, Alina. Pintaría cada centímetro de las paredes con él. Lo gritaría por las calles. Alina, Alina, Alina. Lo llevaré en mí, en mi boca siempre, como una bandera. En la lucha cotidiana por ser una persona mejor, por construir, por amar, Alina, Alina, Alina, tu nombre será quien me guíe.
miércoles, 23 de enero de 2008
Deseos de vida
1) Cuidar a Alina
Ofrecerle mis manos y todo mi ser, y que en cada instante sienta su calidez. Ayudarla siempre, protegerla y defenderla del mundo y construir otro con mis manos para ella.
2) Ser íntegro
Como un niño pequeño, como un bebé. Entregarme a Alina con pureza de espíritu, con el deseo de volver a nacer en sus brazos.
domingo, 20 de enero de 2008
El fumador
Hoy el fumador estaba en la ventana, con su cojín y su vaso de vino, fumando. Y su mujer salió con él. Ambos estuvieron charlando unos minutos así, pegados, juntos en la ventana. Fuese sobre lo que fuese, ambos sonreían. Y entonces yo quise ser el fumador. Iba a sacarles una foto, pero descubrí que la cámara estaba rota. Intenté arreglarla sin éxito y cuando volví a mirar ya se habían ido. Nada me pareció más deseable entonces que tenerte a mi lado, sonriendo los dos y mirando por la ventana.
Fundidos
Dice Luis Cernuda: "creo en mí mismo porque seré todas las cosas que amo". No decido racionalmente "ahora voy a pensar más en Alina", si no que, al cabo de los días me sorprendo un día a mi mismo y me doy cuenta que me he dejado de importar poco a poco, que he dejado de pensar un poco en mi daño, y que eres tú la que me preocupa, que es en tu bienestar en el que pienso, que es tu dolor el que me duele, que es tu desánimo el que me desconsuela y me angustia, que mi necesidad básica, visceral, profunda, no es tanto ser amado como cuidarte. Lo daría todo por poder consolarte y mimarte. Lo daría todo por devolverte la paz que te robé, por hacer realidad los sueños que te destruí. Y además, empiezo a entender que yo solo me puedo curar si dedico mi vida a curar a los demás. Yo, quiero construir, quiero hacer algo bueno por alguien. Bueno, no por alguien, por ti. Quiero devolverte todo, multiplicado. No quiero que me cuides, no quiero que estés pendiente de mí. Que bonito ha sido, cuanto me has dado, como me he sentido de protegido...pero ahora es .....como si no lo añorase tanto. Lo que realmente añoro es consolarte cuando estés triste, es sorprenderte, es hacerte reir, es protegerte, defenderte del mundo. Construirte un mundo a tu medida, un mundo lleno de delicias, de risas y de amor. un mundo lleno de caricias en el que todo sea transparente. Yo quiero ser lo que amo, quiero ser en ti, unirme a ti en todo, desaparecer en ti, descubrirme en ti de nuevo, crecer cada día en ti. Cogerte de la mano y no soltarla nunca, acariciarte durante horas, y que se me quede la mano dormida, ¡que tenga que ir al traumatólogo!. Fundirme en lo que más amo en el mundo, que eres tú. Fundidos
Increíble. El amor quema y ella era el cielo enviado
Increíble. En mitad de la angustia, enciendo la televisión y justo veo esta canción, con los subtítulos.
Love Burns
Never thought I'd see her go away
She learned I loved her today
Never thought I'd see her cry
And I learned how to love her today
Never thought I'd rather die
Than try to keep her by my side
Now she's gone love burns inside me
Now she's gone love burns inside me
Now she's gone love burns inside me
Nothing else can hurt us now
No loss, our love's been hung on a cross
Nothing seems to make a sound
And now it's all so clear somehow
Nothing really matters now
Now we're gone and on our way
Now she's gone love burns inside me
Now she's gone love burns inside me
Now she's gone love burns inside me
She cuts my skin and bruise my lips
She's everything to me
She tears my clothes and burns my eyes
She's all I want to see
She brings the cold and scars my soul
She's heaven sent to me
Now she's gone love burns inside me
Now she's gone love burns inside me
Now she's gone love burns inside me
Never thought I'd leave you like the way I do, yeah
Kiss my love and I wish you're gone
You can kiss my love and I wish you're gone
Never thought I'd leave you like the way that I do
Kiss my love and I wish you're gone
You can kiss my love and I wish you're gone
Now she's gone love burns inside me
Now she's gone love burns inside me
Now she's gone love burns inside me
Love Burns
Never thought I'd see her go away
She learned I loved her today
Never thought I'd see her cry
And I learned how to love her today
Never thought I'd rather die
Than try to keep her by my side
Now she's gone love burns inside me
Now she's gone love burns inside me
Now she's gone love burns inside me
Nothing else can hurt us now
No loss, our love's been hung on a cross
Nothing seems to make a sound
And now it's all so clear somehow
Nothing really matters now
Now we're gone and on our way
Now she's gone love burns inside me
Now she's gone love burns inside me
Now she's gone love burns inside me
She cuts my skin and bruise my lips
She's everything to me
She tears my clothes and burns my eyes
She's all I want to see
She brings the cold and scars my soul
She's heaven sent to me
Now she's gone love burns inside me
Now she's gone love burns inside me
Now she's gone love burns inside me
Never thought I'd leave you like the way I do, yeah
Kiss my love and I wish you're gone
You can kiss my love and I wish you're gone
Never thought I'd leave you like the way that I do
Kiss my love and I wish you're gone
You can kiss my love and I wish you're gone
Now she's gone love burns inside me
Now she's gone love burns inside me
Now she's gone love burns inside me
sábado, 19 de enero de 2008
Misticismo

Mirando siempre hacia dentro, no me veía, y parece que me encuentro cuando dejo de mirarme. En el proceso de vaciarme de mí, el hueco se va llenando con la forma que tengo de comportarme con los otros. Mientras estaba lleno de mí, no cabía nada más. Todo era la propia visión del yo y todo estaba observado previamente, y falsificado. Pero no somos lo que juzgamos que somos en ese círculo perverso, si no que somos lo que hacemos por los otros. El foco caía en el yo mismo inmovil que ocupaba toda la escena, y dejaba en la penumbra inobservada los actos del yo mismo en movimiento. Uno se juzgaba por una sucesión histórica de jurisprudencias donde había toda clase de delitos, antiguos y modernos, que podían ocupar tomos y tomos de polvorientas bibliotecas carcelarias. Y sin embargo, en el presente, donde se respira y late, se podía obrar con amoralidad impune. Porque lo único que se vigilaba era ese enorme yo petrificado y no la construcción cotidiana de uno mismo frente a los demás. El presente se juzgaba con el pasado. Pero no estamos hechos, nos hacemos a cada instante. No somos la piedra, si no la hiedra que la cubre. No nos pueden estudiar los arqueólogos, si no los naturalistas.
E igual que los místicos reniegan de su propio ser a la búsqueda de la unidad con dios, igual que el amor de las buenas madres a sus niños contiene el total desapego de si mismo, el auténtico amor necesita de esa pérdida de importancia de uno. Amamos a los demás, y con más ternura y verdad amamos, en tanto sea la otra persona la que más nos preocupe, más que nosotros mismos, la que ocupa el espacio más grande en nuestro interior. Amamos a los demás, no amamos nuestra manera de mirar como pretendemos amar. Me libero de mí para aprender a querer y en este aprendizaje para liberarme del peso del yo, sé que las miserias se volverán más pequeñas. Que tendrán más valor las caricias, que los actos dejarán de estar falsificados y vigilados, que todo se volverá puro y hermoso.
Por eso ya no quiero pensar ni en culpas ni en enfermedades, no quiero pensar en el dolor que siento a veces y procuro olvidar, no quiero pensar ni en el daño de tu ausencia, ni en otra cosa que no sea quererte, saber que tal has dormido, saber que tal te encuentras, saber si has merendado. Una mano, acariciando la otra mano. Tan poca cosa y tan enorme.
jueves, 17 de enero de 2008
El primer ladrillo

Ya hace días que llaman a la puerta, mostrando su olor corrosivo los celos. Celos del aire, de todo lo que existe y de todo lo que existirá, de los objetos que te rodean, de la ciudad que te acoge, de transeuntes que cruzándose contigo pueden verte y yo no. Y creo que soy capaz de intuir el grado de dolor que pueden llegar a causar, pero entonces, cierro y me encastillo. Y no llegan apenas a rozarme. Porque el amor, incondicionado, absoluto que padezco por ti, no quiere saber de otra cosa más que de sí mismo y es como el crucifijo ante el vampiro. Y lo que sea, si ha de ser, no será por afán de posesión, ni por envidia, ni por soledad, por costumbre, culpa o soberbia. No será por supervivencia ni por la hiriente constancia de la memoria. Lo que sea, si ha de ser, surgirá de este amor nítido, vacío de otra cosa, ingrávido, ligero y limpio. El amor que sólo trae con él vientos de deseo de vida. En la nada del campo pelado, el primer hombre que quiso construir el primer hogar, la primera escuela, antes de meter sus manos en el barro rojizo, mezclarlas con paja, moldear el adobe y secarlo al sol, sintió el deseo de construir un pequeño mundo mejor para él y para los que amaba. Y ese deseo, como el amor que siento por ti, fue el primer ladrillo.
Mi vida sin Alina

Mi vida sin Alina no es vida. Es un arrastre maquinal de músculos, piel y carne, envueltos en un aura de dolor crónico. Uno entra a formar parte del universo de los objetos inútiles de existencia fantasma. El universo donde habitan las páginas sueltas de algún viejo legajo, las fotos antiguas que ya nadie mira ni añora, al fondo del cajón de la polilla en el desván de los muebles desahuciados. El limbo sin nombre donde dormitan las almas de las bicicletas que se han quedado pequeñas y ya desprecian los niños, semienterradas en las escombreras, los pedales rotos. La nada oscura donde se juntan las piezas extraviadas de los puzzles infantiles persiguiendo un encaje imposible, donde reposan los cuadrados en blanco de las colecciones de cromos que quedaron a medio hacer. Donde se amontonan en su escombrera muda, los recuerdos perdidos de los enfermos de Alzheimer, las ondas en el vacío eterno que llevan el golpeteo de los latidos de corazones que ya hace tiempo que dejaron de latir. Uno encuentra su lugar entre las cajas metálicas de pimentón que guardaban las canicas rotas y los trompos astillados, pasa a ser un espectro del que ya no queda ni el recuerdo, la sombra invisible que produciría un sol tras otra sombra. Pero sin sol. Inobservado, silencioso, como el canto de la última ballena en el océano enorme y gris, rebotando los sonidos en los corales petrificados, en los cementerios marinos y en los andrajos flotantes de los veleros hundidos en el limo. Mi vida sin Alina. Así es mi vida sin Alina.
El nuevo reloj del tiempo

Y un día vi que el tiempo se medía con el parpadeo del cursor sobre el fondo blanco de la pantalla. A la espera de cualquier frase, de cualquier signo que delatase tu existencia al otro lado. Una noche, mientras esperaba, me dormía. Pero el sopor que parecía invencible era odioso en tu ausencia y ponía alarmas sucesivas en el despertador cada seis minutos, esperando, cada vez, tu llegada, Alina. Sin embargo, en esos breves espacios de intento de reposo, solo podía cerrar los ojos, dejando pasar el tiempo que ahora tenía otra medida en un sopor insomne. Como cuando robas 10 minutos más al despertar, en un esfuerzo inútil que ya no tiene sentido porque el nuevo límite del tiempo ya cuelga como una amenaza y la mente ya no puede volver a recuperar lo perdido ni adentrarse de nuevo en el terreno del sueño. En ese proceso de alarmas continuadas de volver a levantarme, de volver a poner una nueva alarma pasaron casi dos horas si hago caso al reloj, pero semanas, vidas, eras enteras, en la nueva medida del cursor que ralentizaba el tiempo como hibernándolo. El tiempo se mide ahora por leerte siquiera una letra, por escuchar tu voz, por la última vez que pude, ya no tenerte entre mis brazos, ya no sentir tus caricias y tus besos, si no, sólo verte. Nada más que verte, en un recuerdo que ahora se me aparece como el más rico, el más valioso, el más deseado, como el primer indicio de lluvia que responde a los rezos de los pobres en la tierra pobre.
El atardecer rojo soñado

Los deseos, parece que se mutan. No se les puede llamar impulsos ya, si no, algo como un reflejo de un impulso vago. Todo parece tener como un aire de irrealidad, de indeterminación. Uno se alimenta de vez en cuando, pero se hace difícil recordar cuando tuvo hambre por última vez. Cuando realmente deseó el alimento. Uno a veces concilia un sueño informe y entrecortado vencido por el cansancio. Pero ni el cansancio es abrupto, si no más bien como un desfallecimiento lento, y las noches y los días son una sucesión de sueño y vigilia, casi indiferenciados, como si el cuerpo no se reactivase nunca del todo ni tampoco fuera capaz de despojarse de sí mismo y reposar. Pero hubo una noche que soñé con una casa, con Alina. Había un naranjo y en el sueño apareció un bebé que tenía forma de dibujo animado. Y luego, un camino, o una carretera, que ambos mirábamos, o que ambos recorríamos, hacia un atardecer rojo, en un día claro que terminaba pero que había estado lleno de belleza. Desapareció la casa y el jardín, y el niño que movía los bracitos suspendido en mis brazos, y solo quedó el camino, durante un tiempo que quizá duró toda la noche y recuerdo con total viveza que ambos caminábamos, o conducíamos, extasiados de felicidad, en un silencio de absoluta paz y comprensión, como una sola alma hacia el sol rojo que permanecía invariable, inmóvil en el horizonte, sólo para nosotros.
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