jueves, 24 de enero de 2008

Felicidad

En la noche de la angustia, estos días hubo rayos de bellísima luminosidad. En los pequeños trabajos realizados, en cada doblez de papel, el ínfimo regalo en comparación con lo que podría regalar era una absoluta y plena felicidad. El poner mis sentidos y mi corazón en tu alegría......¡era tan hermoso! Hubo hace tiempo otro tiempo así. Luego se coló por alguna parte la rutina al principio, luego serpientes peores. Y había una queja tuya, pronunciada a veces y otras en el aire. ¿por qué viví esto solo por escrito? ¿por qué lo disfruté tan poco en la realidad? Y el estallido aquel de amor yo también lo gocé tan poco!! Dios mío, con lo hermoso que era. Correr al ordenador en los días festivos. Quedarse sin comer, esperando ante la pantalla, y luego desfallecer a veces, recuerdo llorar cruzando la gran vía, al principio, a tu lado, diciendo, dios mío, como te quiero, como te quiero. Alina, Alina, Alina, me llenaba solo pronunciar tu nombre. Alina, Alina, Alina, Alina, y repetirlo era más necesario que respirar. ¿Cómo dejé de desear vivir eso? ¿Cómo empecé a vivirlo solo a veces, y por dentro, solo yo? ¿por qué lo oculté? ¿por qué no supe elevarlo, transmitirlo, regalarlo cada día?

Si el dios del amor, me diese una segunda oportunidad, guardaría éste que me quema como un tesoro incombustible. Cumpliría, esta vez sí, mis promesas antiguas de hacerlo cotidiano, que cada día fuera una celebración del querer. Que cada día fuese radiante y lleno de luz en el pequeño mundo de los dos. Defendería contra todo y contra todos este estado de emoción incontrolada, de amor puro e invencible. Sería un amor juguetón, generoso, charlatán. A todas horas mostrándose, queriendo hablar. Hablar, hablar, a veces con palabras, y otras veces, con el cuerpo tembloroso, y solo con los ojos, musitando la única palabra que la emoción me dejaría pronunciar, Alina, Alina, Alina, Alina. Con los ojos tintileando en una felicidad plena y eterna. La que tuve y perdí. Vendrá otra vez la angustia, pero entonces como las caricias a los niños en las noches de pesadilla, yo me diré a mi mismo, Alina, Alina, Alina, Alina. Alina, Alina, Alina, y volveré como a querer salirme de mi mismo, como si el cuerpo fuese la carcel de una onda enorme e, incluso así, me llenaré de felicidad. Alina, Alina, Alina. Pintaría cada centímetro de las paredes con él. Lo gritaría por las calles. Alina, Alina, Alina. Lo llevaré en mí, en mi boca siempre, como una bandera. En la lucha cotidiana por ser una persona mejor, por construir, por amar, Alina, Alina, Alina, tu nombre será quien me guíe.

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