Ya no pido tanto
Me conformo con tan poco
Que me observe mientras duermo
Que le cueste despertar
Que entorne sus ojos
Mire al mundo tan despacio
Y que le gusten los gatos
Que aceche en mi oscuridad
Que lleve arañazos en los brazos
Y no tema
Herirse al amar
Ya no pido tanto
Me conformo con tan poco
Que me enseñe las fachadas
Que salgamos a curiosear
Que tenga unos ojos
Donde crezcan universos
Y que le gusten los gatos
Que modele el aire al caminar
Que lleve arañazos en los brazos
Y no tema
Herirse al amar
PD.- La escuchó Xisela un día por la cam del messenger y va y se pone a llorar de emoción: Y yo: "que no la hice para ti, so mema!!". "Xa sei que sí, Bobi, que a mín gústanme os gatiños". "Que no, coño, que no era para ti. Pero si tú no has tenido un gato en tu vida", "os meus dous grandes amores compoñendo xuntos para mín...." "Que nooooooo, Xisela!!, ¡qué estás majara! ¡que son tus delirios de grandeza!", "son a musa de dous xenios..", "madre mía, la musa dice...", "Qué pasa, ¿que a Alina tiña gato?" "Si, se llama Gustavo". "Bobino, a min non me enganas, fixeches a canción para mín". "Xise, esto tuyo tiene nombre clínico: pero vale, toda tuya"
martes, 29 de junio de 2010
martes, 16 de septiembre de 2008
Lo que está en juego
En 1915 Laherty creó el psicógrafo. El aparato, que hoy se halla en el Museo de Aparatos Médicos Cuestionables, establecía teóricamente nuestra personalidad con los presupuestos de la frenología, encontrando las zonas donde reside la maravillosidad, o el amor por lo fabuloso; la amatividad, que puede engendrar el amor apasionado; la concienciosidad, o amor a la verdad; y entre otras, hasta treinta y seis localizaciones, la esperanza, que predispone a las empresas irreflexivas y a la fe ciega. Antes, Lombroso había fijado la tipología física del criminal nato, los rasgos orgánicos, que juzga decisivos para la creación de un delincuente. Y en todos esos años, florecieron las recomendaciones que ahora juzgamos grotescas para detener el enfermizo hábito de la masturbación, entre las que sobresalen el uso de la camisa de fuerza, el estudio de la matemática, la natación, colocar bolsitas de alcanfor en la entrepierna, o aplicar sanguijuelas a los genitales para extraer la sangre y supuestamente disminuir la congestión provocada por el deseo (o lo que es lo mismo, evitar que se te “hinchen los cojones”).
El hombre trataba de medir las pasiones, de localizarlas, y al mismo tiempo que avanzaba saltándose los límites de la naturaleza en la prevención y en el combate de la enfermedad, en la descripción de los fenómenos físicos, en la predicción de las órbitas de los cuerpos celestes y las partículas subatómicas, intentaba resolver las incógnitas capaces de explicar el amor, de computar la pasión, de crear los instrumentos y los mecanismos que convirtiesen la emoción en algo medible, predecible, cuantificable. Pero nuestro físico no nos predestinaba al mal ni al bien, ni estábamos condenados a soportar la enfermedad, ni el placer debía ser frenado, ni el deleite en lo maravilloso tenía la forma de un pequeño hundimiento craneal.
Pienso constantemente en el renacimiento, en la resurrección, en la reencarnación. Una escuela psicológica dice que nacemos dos veces, una como hijos y otra como padres, que la paternidad es un hecho fundacional, que supone el inicio de un nuevo yo. ¿Solo la paternidad? ¿No podemos recrearnos? ¿No podemos reformarnos? Como una salmodia, me doy cuenta ahora de lo muy a menudo que escuchaba la frase en sus distintas versiones que dice: “no se puede cambiar, no se cambia, quizá más joven, pero a esta edad ya no se cambia…” Me gustaría demostrar que es falso. Sí se cambia. No sabía nadar y aprendí. Y seré un buen nadador. No sabía matemática y aprendí, y nada de esto disminuyó otros apetitos. Podemos moldear nuestro cuerpo y nuestro espíritu, podemos desenmascarar nuestro orgullo, podemos exterminar nuestras adicciones, podemos apaciguar nuestra cólera, podemos mirar con ojos de niño, podemos llevar el esfuerzo físico hasta niveles extenuantes, exagerados. Porque a veces se necesita saber hasta donde se llega con la fuerza de la voluntad, hasta donde la voluntad es capaz de cambiar lo existente. ¿Es eso posible? Pienso mucho en ello. ¿Podemos cambiar el mundo solo con nuestro deseo, con nuestra voluntad. El mundo al cabo, es también el deseo de otros, la voluntad de otros, que chocan con la nuestra. Entre creer y crear hay sólo una letra de diferencia. ¿Es verdad eso? ¿Es medible? ¿Es científico? O se trata solo de un juego de palabras ingenioso.
Sigo amando encendidamente, con una enormidad que no soy capaz de describir, que he renunciado a intentar exponer, y después de muchos meses de vivir un amor sin recompensa, no me encaja la idea del abandono. No digo derrota porque no creo que se deba considerar en términos de éxito o fracaso, pero sí de desánimo. De abdicación. No comprendo esta idea. En su lugar, habita en mí otra, delirante, sobre la inevitabilidad de lo bueno, de lo elevado.
En una ocasión, mientras yo creía estar desgranando un razonamiento de absoluta lógica matemática, alguien me contestó riendo: “Vosotros los artistas! Que cosas decís! Siempre tan románticos, la vida no es así”. Y entonces, hay que pensar…¿no es así? ¿no es así cómo? Y ahí comenzó un largo proceso, de meses, de reflexión sobre la certeza de las ideas que estaban integradas, que sostenían mi forma de ver el mundo. ¿Eran de verdad? ¿Existe el amor inmortal, ese que permanece aún en la distancia, en la pobreza y la frustración, durante años, durante décadas, durante eras, y si acaso hay otras vidas, en otras vidas, venciendo a la muerte, transmitiéndose en infinitas existencias? ¿Existe el amor de El amor en los tiempos del cólera? Y si existe en esta vida, en este mundo ¿adquiere su recompensa algún día? ¿Existe todo lo que he imaginado en mis fantasías románticas? ¿Vence el bien? A esto me refiero cuando digo que están en juego más cosas. Si quiero mucho una cosa…¿la consigo? Si cierras muy fuerte, muy, muy fuerte los ojos, cuando aparece sobre el mar el último rayo verde, cuando surca el cielo un meteoro, cuando apagas todas las velas de un soplo ¿se cumple tu deseo? Por qué no puedo cambiar, dónde está escrito, por qué no se puede renacer, perseverar en lo bueno y arrancar las imperfecciones con el escoplo, como puliendo una estatua hasta dejar el mármol suave y liso. Por qué no puede una persona llegar a gustarse, sin más recompensa y al mismo tiempo mantener su bandera de ilusiones ondeando en el fuerte cercado por la vida. ¿Por qué no pueden cumplirse los sueños? ¿Hay una ley física que lo impida? ¿Por qué es imposible lo que decimos que es imposible? ¿Hasta donde llega el poder de crear? ¿Existe ese poder? ¿Se puede crear en lo real, o solo en la literatura?
Lo que está en juego, va más allá de ese amor superlativo e invencible, lo que está en juego habla de más cosas, habla de la honradez, habla de la rectitud, habla de la justicia. Lo que está en juego es la concepción del mundo, de cómo estar en este mundo, de cómo habitarlo, de cuando saber si uno debe ser “razonable”, retirarse, rendirse, o por el contrario, saber que nunca hay que rendirse. Saber si nuestros deseos exhalados en el aire se transmutan en materia, se solidifican en el mundo real. ¿Podríamos merecer cumplir un sueño de esa envergadura, podríamos merecer un amor de esa intensidad si no estuviésemos dispuestos a darlo todo, por encima del tiempo, por encima de la propia vida, soslayando el dolor de la ausencia?
A veces escucho, “ponte un límite temporal, por ejemplo, digamos 6 meses, y luego intenta pensar que hay otras personas, otras cosas, hazte a la idea…..” Y entonces, esto a mí solo me despierta estupefacción, y no concibo un razonamiento de este tipo. Es tan ridículo un “límite temporal”, tan absurdo siquiera pensarlo. Aquello que el día antes del límite es la ilusión, el deseo más profundo, que estalla en dibujos multicolores, que vive en nuestro interior en cada instante, que hace que deseemos ser mejores en un proceso interminable para intentar estar a su altura fabulosa, aquello que anima en la aspiración de lograr la felicidad completa, de vivir, aquello que convierte respirar, mirar, caminar, admirar lo que nos rodea en un proceso donde siempre puede aparecer lo mágico,…..al día siguiente, cuando ese límite temporal vence.. ¿debemos asfixiarlo, alejarlo, exiliarlo? Porqué debería hacer tal cosa, ¿qué sentido tendría? ¿No era justo, no era hermoso, no era bueno? ¿Por qué entonces intentar eliminarlo aunque no se haya cumplido? ¿Por qué hay límites? ¿No estamos aquí para superar los límites?
A adaptarse a lo banal, a lo cotidiano, a lo “posible” es a lo que se le llama “ser razonable”. Y yo, que no sabía amar, y yo, que no sabía gozar de lo vivo, que no sabía asombrarme con lo fantástico, no quiero ahora dejar de amar así. Es hermoso, es bueno, es puro, es justo. No sé porqué tendría que abandonarlo. No sé por qué tendría que perder la fe en lo sobrenatural, en lo mágico, en las fuerzas superiores inmedibles, no localizables con máquinas de impulsos eléctricos, las fuerzas del amor por lo maravilloso, del amor apasionado, del amor a la verdad, de la fe ciega, de la belleza, de lo hermoso, de la música, que nos puede alimentar, restituir del pozo del dolor, resucitarnos. No puedo creer solamente en la existencia de las otras fuerzas, el electromagnetismo, la nuclear fuerte, la nuclear débil, la gravitación…¿son las únicas demostrables, cuantificables? Si así fuera, a qué perder el tiempo. Adaptémonos a lo real, seamos razonables, hagámonos a la idea, no sufras más, olvida, hay más cosas. ¿Pero alguien se ha molestado en demostrar que no existen otras? ¿Algún físico ha medido la masa, la longitud de onda, la energía de mi amor insobornable, de mi deseo, de mi esperanza, de mi compromiso tenaz con lo que es hermoso, bueno, puro, justo?
Hay más cosas en juego. Me juego saber si vale la pena soñar o no, si los sueños son posibles, me juego mi integridad como soñador. El mundo, los antiguos amores, los amigos, nos repiten una y otra vez: “no se puede cambiar, nadie puede cambiar”. Lo escuchas en la televisión, te lo susurran al pasar los tenderos de tu barrio, el paisaje cotidiano, te lo repite: “no cambiarás, nadie puede cambiar, no se cambia”. Porque si uno no puede siquiera cambiarse a uno mismo, ¿a qué soñar? ¿a qué desear con modificar lo que está fuera de nosotros? Lo real quiere que bajemos los brazos, que nos revelemos ante su tiranía de hechos consumados, de repeticiones, de sabiduría de campanario y charla de café. Esto siempre ha sido así, esto siempre será así. Lo real quiere que no imaginemos, que nos alineemos en la fila, que levantemos la mano cuando pasa lista y participemos disciplinadamente en su desfile grisáceo. Lo real quiere que comerciemos en su cambalache de mercadillo, económico, moral, sentimental, quiere unir el amor a la recompensa para convertirnos en mendigos, en esclavos de la compensación. Interiorizamos que la fantasía no da de comer, que soñando no se consiguen las cosas, que el amor debe ser correspondido, que no existe sin ser alimentado. Y entonces, extiendes tu mano de mendigo y lo real te premia con otro amor, otro que sí da cosas. No era el tuyo, pero confórmate con este, que da caricias también, que te escucha, que te habla, y sin embargo el tuyo era mudo, sordo, sin brazos, no vivía más que en tu deseo, en el mundo sin forma, no existía, no se podía pesar, no se podía cambiar, comprar o vender. Lo real nos pide que nos adaptemos. Adaptarse es el verbo que enmascara Conformarse, y la excusa es buscar nuestra felicidad. La mereces, nos dice. Si no está aquí, búscala en otro lado, lo que sueñas es imposible, cambia de objetivos, renuncia, sé inteligente, no pierdas el tiempo en ensoñaciones, intenta ser feliz.
No sé si mis deseos pueden llegar a molificarse, a cristalizarse. No sé si todo ese amor que genero, se convierte en ondas de energía que pueden atravesar cientos de kilómetros para llegar a su destino. No sé si cuando acaricio el aire, alguna molécula de ese aire viaja dominada por mi deseo de acariciar hasta posarse en la piel que imagino, no sé si ella puede recibir el calor que yo creo, con mis manos, extendidas al cielo, y cada noche, cada mañana, cerrando los ojos muy, muy, muy fuerte, no en mi ficción literaria sino en mi noche real, en mi sueño real, y concentrándome en que mi pasión cruce el aire infinito, atraviese la meseta y se pose en su pelo. No sé si puede sentirlo, no sé a donde va, en qué se transforma toda la energía que yo derrocho, en caudales inagotables, cada minuto del día pensando en ella. No sé qué ocurre con la que generan mis conexiones neuronales, centenares de miles, dispersando mi amor por ella en cada chasquido eléctrico, capaces de iluminar, de calentar, planetas enteros. No sé si llega a algún sitio, no sé siquiera si existe esa energía. Pero el mundo donde no existe, el mundo donde no se construyen maquinas imaginarias que midan sentimientos, el mundo donde la fantasía no da de comer, el mundo donde no hay que pelear los sueños imposibles, hasta el desmayo, hasta la muerte, y aún después de la muerte….a mí ese mundo, no me gusta. Yo no quiero ponerme en la fila del comedor de lo real, esperando el potaje que dejan caer en la bandeja con un golpe desganado de muñeca. Incluso aunque fuera nutritivo y saludable. Yo quiero soñar con los postres más deliciosos y dulces que pueda imaginar, buscarlos, buscarlos, buscarlos, y quizá algún día se deshagan en mi boca, y si no, que mi sueño sirva para otros, que lo que yo sueñe, otros puedan vivirlo. Yo no sé si quiero entender qué es razonable y qué no. No sé si quiero dar el giro de lenguaje y conciencia que nos hace convertir lo justo, lo hermoso, lo puro, lo bueno, en lo imposible, en lo inalcanzable, en lo quimérico, en lo fantasioso, como si fantasioso fuera algo insultante. Con qué facilidad convertimos las esperanzas en utopías, con qué facilidad bautizamos con el nombre de imposible. Hasta donde estamos dispuestos a aceptar lo real. No puedes cambiar, confórmate, no esperes que te vuelva a amar, confórmate, no desperdicies tu tiempo amándola, soñando por lo imposible, confórmate.
Pues vaya, que a mí no me sale de los cojones.
Y si se me hinchan mucho……….pues me pongo sanguijuelas.
El hombre trataba de medir las pasiones, de localizarlas, y al mismo tiempo que avanzaba saltándose los límites de la naturaleza en la prevención y en el combate de la enfermedad, en la descripción de los fenómenos físicos, en la predicción de las órbitas de los cuerpos celestes y las partículas subatómicas, intentaba resolver las incógnitas capaces de explicar el amor, de computar la pasión, de crear los instrumentos y los mecanismos que convirtiesen la emoción en algo medible, predecible, cuantificable. Pero nuestro físico no nos predestinaba al mal ni al bien, ni estábamos condenados a soportar la enfermedad, ni el placer debía ser frenado, ni el deleite en lo maravilloso tenía la forma de un pequeño hundimiento craneal.
Pienso constantemente en el renacimiento, en la resurrección, en la reencarnación. Una escuela psicológica dice que nacemos dos veces, una como hijos y otra como padres, que la paternidad es un hecho fundacional, que supone el inicio de un nuevo yo. ¿Solo la paternidad? ¿No podemos recrearnos? ¿No podemos reformarnos? Como una salmodia, me doy cuenta ahora de lo muy a menudo que escuchaba la frase en sus distintas versiones que dice: “no se puede cambiar, no se cambia, quizá más joven, pero a esta edad ya no se cambia…” Me gustaría demostrar que es falso. Sí se cambia. No sabía nadar y aprendí. Y seré un buen nadador. No sabía matemática y aprendí, y nada de esto disminuyó otros apetitos. Podemos moldear nuestro cuerpo y nuestro espíritu, podemos desenmascarar nuestro orgullo, podemos exterminar nuestras adicciones, podemos apaciguar nuestra cólera, podemos mirar con ojos de niño, podemos llevar el esfuerzo físico hasta niveles extenuantes, exagerados. Porque a veces se necesita saber hasta donde se llega con la fuerza de la voluntad, hasta donde la voluntad es capaz de cambiar lo existente. ¿Es eso posible? Pienso mucho en ello. ¿Podemos cambiar el mundo solo con nuestro deseo, con nuestra voluntad. El mundo al cabo, es también el deseo de otros, la voluntad de otros, que chocan con la nuestra. Entre creer y crear hay sólo una letra de diferencia. ¿Es verdad eso? ¿Es medible? ¿Es científico? O se trata solo de un juego de palabras ingenioso.
Sigo amando encendidamente, con una enormidad que no soy capaz de describir, que he renunciado a intentar exponer, y después de muchos meses de vivir un amor sin recompensa, no me encaja la idea del abandono. No digo derrota porque no creo que se deba considerar en términos de éxito o fracaso, pero sí de desánimo. De abdicación. No comprendo esta idea. En su lugar, habita en mí otra, delirante, sobre la inevitabilidad de lo bueno, de lo elevado.
En una ocasión, mientras yo creía estar desgranando un razonamiento de absoluta lógica matemática, alguien me contestó riendo: “Vosotros los artistas! Que cosas decís! Siempre tan románticos, la vida no es así”. Y entonces, hay que pensar…¿no es así? ¿no es así cómo? Y ahí comenzó un largo proceso, de meses, de reflexión sobre la certeza de las ideas que estaban integradas, que sostenían mi forma de ver el mundo. ¿Eran de verdad? ¿Existe el amor inmortal, ese que permanece aún en la distancia, en la pobreza y la frustración, durante años, durante décadas, durante eras, y si acaso hay otras vidas, en otras vidas, venciendo a la muerte, transmitiéndose en infinitas existencias? ¿Existe el amor de El amor en los tiempos del cólera? Y si existe en esta vida, en este mundo ¿adquiere su recompensa algún día? ¿Existe todo lo que he imaginado en mis fantasías románticas? ¿Vence el bien? A esto me refiero cuando digo que están en juego más cosas. Si quiero mucho una cosa…¿la consigo? Si cierras muy fuerte, muy, muy fuerte los ojos, cuando aparece sobre el mar el último rayo verde, cuando surca el cielo un meteoro, cuando apagas todas las velas de un soplo ¿se cumple tu deseo? Por qué no puedo cambiar, dónde está escrito, por qué no se puede renacer, perseverar en lo bueno y arrancar las imperfecciones con el escoplo, como puliendo una estatua hasta dejar el mármol suave y liso. Por qué no puede una persona llegar a gustarse, sin más recompensa y al mismo tiempo mantener su bandera de ilusiones ondeando en el fuerte cercado por la vida. ¿Por qué no pueden cumplirse los sueños? ¿Hay una ley física que lo impida? ¿Por qué es imposible lo que decimos que es imposible? ¿Hasta donde llega el poder de crear? ¿Existe ese poder? ¿Se puede crear en lo real, o solo en la literatura?
Lo que está en juego, va más allá de ese amor superlativo e invencible, lo que está en juego habla de más cosas, habla de la honradez, habla de la rectitud, habla de la justicia. Lo que está en juego es la concepción del mundo, de cómo estar en este mundo, de cómo habitarlo, de cuando saber si uno debe ser “razonable”, retirarse, rendirse, o por el contrario, saber que nunca hay que rendirse. Saber si nuestros deseos exhalados en el aire se transmutan en materia, se solidifican en el mundo real. ¿Podríamos merecer cumplir un sueño de esa envergadura, podríamos merecer un amor de esa intensidad si no estuviésemos dispuestos a darlo todo, por encima del tiempo, por encima de la propia vida, soslayando el dolor de la ausencia?
A veces escucho, “ponte un límite temporal, por ejemplo, digamos 6 meses, y luego intenta pensar que hay otras personas, otras cosas, hazte a la idea…..” Y entonces, esto a mí solo me despierta estupefacción, y no concibo un razonamiento de este tipo. Es tan ridículo un “límite temporal”, tan absurdo siquiera pensarlo. Aquello que el día antes del límite es la ilusión, el deseo más profundo, que estalla en dibujos multicolores, que vive en nuestro interior en cada instante, que hace que deseemos ser mejores en un proceso interminable para intentar estar a su altura fabulosa, aquello que anima en la aspiración de lograr la felicidad completa, de vivir, aquello que convierte respirar, mirar, caminar, admirar lo que nos rodea en un proceso donde siempre puede aparecer lo mágico,…..al día siguiente, cuando ese límite temporal vence.. ¿debemos asfixiarlo, alejarlo, exiliarlo? Porqué debería hacer tal cosa, ¿qué sentido tendría? ¿No era justo, no era hermoso, no era bueno? ¿Por qué entonces intentar eliminarlo aunque no se haya cumplido? ¿Por qué hay límites? ¿No estamos aquí para superar los límites?
A adaptarse a lo banal, a lo cotidiano, a lo “posible” es a lo que se le llama “ser razonable”. Y yo, que no sabía amar, y yo, que no sabía gozar de lo vivo, que no sabía asombrarme con lo fantástico, no quiero ahora dejar de amar así. Es hermoso, es bueno, es puro, es justo. No sé porqué tendría que abandonarlo. No sé por qué tendría que perder la fe en lo sobrenatural, en lo mágico, en las fuerzas superiores inmedibles, no localizables con máquinas de impulsos eléctricos, las fuerzas del amor por lo maravilloso, del amor apasionado, del amor a la verdad, de la fe ciega, de la belleza, de lo hermoso, de la música, que nos puede alimentar, restituir del pozo del dolor, resucitarnos. No puedo creer solamente en la existencia de las otras fuerzas, el electromagnetismo, la nuclear fuerte, la nuclear débil, la gravitación…¿son las únicas demostrables, cuantificables? Si así fuera, a qué perder el tiempo. Adaptémonos a lo real, seamos razonables, hagámonos a la idea, no sufras más, olvida, hay más cosas. ¿Pero alguien se ha molestado en demostrar que no existen otras? ¿Algún físico ha medido la masa, la longitud de onda, la energía de mi amor insobornable, de mi deseo, de mi esperanza, de mi compromiso tenaz con lo que es hermoso, bueno, puro, justo?
Hay más cosas en juego. Me juego saber si vale la pena soñar o no, si los sueños son posibles, me juego mi integridad como soñador. El mundo, los antiguos amores, los amigos, nos repiten una y otra vez: “no se puede cambiar, nadie puede cambiar”. Lo escuchas en la televisión, te lo susurran al pasar los tenderos de tu barrio, el paisaje cotidiano, te lo repite: “no cambiarás, nadie puede cambiar, no se cambia”. Porque si uno no puede siquiera cambiarse a uno mismo, ¿a qué soñar? ¿a qué desear con modificar lo que está fuera de nosotros? Lo real quiere que bajemos los brazos, que nos revelemos ante su tiranía de hechos consumados, de repeticiones, de sabiduría de campanario y charla de café. Esto siempre ha sido así, esto siempre será así. Lo real quiere que no imaginemos, que nos alineemos en la fila, que levantemos la mano cuando pasa lista y participemos disciplinadamente en su desfile grisáceo. Lo real quiere que comerciemos en su cambalache de mercadillo, económico, moral, sentimental, quiere unir el amor a la recompensa para convertirnos en mendigos, en esclavos de la compensación. Interiorizamos que la fantasía no da de comer, que soñando no se consiguen las cosas, que el amor debe ser correspondido, que no existe sin ser alimentado. Y entonces, extiendes tu mano de mendigo y lo real te premia con otro amor, otro que sí da cosas. No era el tuyo, pero confórmate con este, que da caricias también, que te escucha, que te habla, y sin embargo el tuyo era mudo, sordo, sin brazos, no vivía más que en tu deseo, en el mundo sin forma, no existía, no se podía pesar, no se podía cambiar, comprar o vender. Lo real nos pide que nos adaptemos. Adaptarse es el verbo que enmascara Conformarse, y la excusa es buscar nuestra felicidad. La mereces, nos dice. Si no está aquí, búscala en otro lado, lo que sueñas es imposible, cambia de objetivos, renuncia, sé inteligente, no pierdas el tiempo en ensoñaciones, intenta ser feliz.
No sé si mis deseos pueden llegar a molificarse, a cristalizarse. No sé si todo ese amor que genero, se convierte en ondas de energía que pueden atravesar cientos de kilómetros para llegar a su destino. No sé si cuando acaricio el aire, alguna molécula de ese aire viaja dominada por mi deseo de acariciar hasta posarse en la piel que imagino, no sé si ella puede recibir el calor que yo creo, con mis manos, extendidas al cielo, y cada noche, cada mañana, cerrando los ojos muy, muy, muy fuerte, no en mi ficción literaria sino en mi noche real, en mi sueño real, y concentrándome en que mi pasión cruce el aire infinito, atraviese la meseta y se pose en su pelo. No sé si puede sentirlo, no sé a donde va, en qué se transforma toda la energía que yo derrocho, en caudales inagotables, cada minuto del día pensando en ella. No sé qué ocurre con la que generan mis conexiones neuronales, centenares de miles, dispersando mi amor por ella en cada chasquido eléctrico, capaces de iluminar, de calentar, planetas enteros. No sé si llega a algún sitio, no sé siquiera si existe esa energía. Pero el mundo donde no existe, el mundo donde no se construyen maquinas imaginarias que midan sentimientos, el mundo donde la fantasía no da de comer, el mundo donde no hay que pelear los sueños imposibles, hasta el desmayo, hasta la muerte, y aún después de la muerte….a mí ese mundo, no me gusta. Yo no quiero ponerme en la fila del comedor de lo real, esperando el potaje que dejan caer en la bandeja con un golpe desganado de muñeca. Incluso aunque fuera nutritivo y saludable. Yo quiero soñar con los postres más deliciosos y dulces que pueda imaginar, buscarlos, buscarlos, buscarlos, y quizá algún día se deshagan en mi boca, y si no, que mi sueño sirva para otros, que lo que yo sueñe, otros puedan vivirlo. Yo no sé si quiero entender qué es razonable y qué no. No sé si quiero dar el giro de lenguaje y conciencia que nos hace convertir lo justo, lo hermoso, lo puro, lo bueno, en lo imposible, en lo inalcanzable, en lo quimérico, en lo fantasioso, como si fantasioso fuera algo insultante. Con qué facilidad convertimos las esperanzas en utopías, con qué facilidad bautizamos con el nombre de imposible. Hasta donde estamos dispuestos a aceptar lo real. No puedes cambiar, confórmate, no esperes que te vuelva a amar, confórmate, no desperdicies tu tiempo amándola, soñando por lo imposible, confórmate.
Pues vaya, que a mí no me sale de los cojones.
Y si se me hinchan mucho……….pues me pongo sanguijuelas.
viernes, 25 de enero de 2008
Los secretos
Hace años hubiese pensado esto como una batalla. Una ciudad asediada y un ejército invasor. Hubiese planeado estrategias, calendarizado ataques. Buscaría debilidades, resquicios donde poder entrar. Quizá haría ataques desesperados, y otros calculados. Pero ahora no. No hay actos heroicos que realizar, inútiles y que además, son el recordatorio constante de los que antes no se produjeron. Si fuese una batalla, tendría otras armas en el arsenal que aún no he usado, algunas pequeñitas, otras menos. Pero como no lo es, me las guardo para mí, para no usarlas como arma, si no, si llega el día, mostrarlas como deben ser mostradas, no para conseguir nada, no para convencer, si no para regalar, sin necesitar nada a cambio que la felicidad del otro. Mientras tanto, son mis secretos, algunos muy pequeñitos, y otros menos.
jueves, 24 de enero de 2008
Felicidad
En la noche de la angustia, estos días hubo rayos de bellísima luminosidad. En los pequeños trabajos realizados, en cada doblez de papel, el ínfimo regalo en comparación con lo que podría regalar era una absoluta y plena felicidad. El poner mis sentidos y mi corazón en tu alegría......¡era tan hermoso! Hubo hace tiempo otro tiempo así. Luego se coló por alguna parte la rutina al principio, luego serpientes peores. Y había una queja tuya, pronunciada a veces y otras en el aire. ¿por qué viví esto solo por escrito? ¿por qué lo disfruté tan poco en la realidad? Y el estallido aquel de amor yo también lo gocé tan poco!! Dios mío, con lo hermoso que era. Correr al ordenador en los días festivos. Quedarse sin comer, esperando ante la pantalla, y luego desfallecer a veces, recuerdo llorar cruzando la gran vía, al principio, a tu lado, diciendo, dios mío, como te quiero, como te quiero. Alina, Alina, Alina, me llenaba solo pronunciar tu nombre. Alina, Alina, Alina, Alina, y repetirlo era más necesario que respirar. ¿Cómo dejé de desear vivir eso? ¿Cómo empecé a vivirlo solo a veces, y por dentro, solo yo? ¿por qué lo oculté? ¿por qué no supe elevarlo, transmitirlo, regalarlo cada día?
Si el dios del amor, me diese una segunda oportunidad, guardaría éste que me quema como un tesoro incombustible. Cumpliría, esta vez sí, mis promesas antiguas de hacerlo cotidiano, que cada día fuera una celebración del querer. Que cada día fuese radiante y lleno de luz en el pequeño mundo de los dos. Defendería contra todo y contra todos este estado de emoción incontrolada, de amor puro e invencible. Sería un amor juguetón, generoso, charlatán. A todas horas mostrándose, queriendo hablar. Hablar, hablar, a veces con palabras, y otras veces, con el cuerpo tembloroso, y solo con los ojos, musitando la única palabra que la emoción me dejaría pronunciar, Alina, Alina, Alina, Alina. Con los ojos tintileando en una felicidad plena y eterna. La que tuve y perdí. Vendrá otra vez la angustia, pero entonces como las caricias a los niños en las noches de pesadilla, yo me diré a mi mismo, Alina, Alina, Alina, Alina. Alina, Alina, Alina, y volveré como a querer salirme de mi mismo, como si el cuerpo fuese la carcel de una onda enorme e, incluso así, me llenaré de felicidad. Alina, Alina, Alina. Pintaría cada centímetro de las paredes con él. Lo gritaría por las calles. Alina, Alina, Alina. Lo llevaré en mí, en mi boca siempre, como una bandera. En la lucha cotidiana por ser una persona mejor, por construir, por amar, Alina, Alina, Alina, tu nombre será quien me guíe.
Si el dios del amor, me diese una segunda oportunidad, guardaría éste que me quema como un tesoro incombustible. Cumpliría, esta vez sí, mis promesas antiguas de hacerlo cotidiano, que cada día fuera una celebración del querer. Que cada día fuese radiante y lleno de luz en el pequeño mundo de los dos. Defendería contra todo y contra todos este estado de emoción incontrolada, de amor puro e invencible. Sería un amor juguetón, generoso, charlatán. A todas horas mostrándose, queriendo hablar. Hablar, hablar, a veces con palabras, y otras veces, con el cuerpo tembloroso, y solo con los ojos, musitando la única palabra que la emoción me dejaría pronunciar, Alina, Alina, Alina, Alina. Con los ojos tintileando en una felicidad plena y eterna. La que tuve y perdí. Vendrá otra vez la angustia, pero entonces como las caricias a los niños en las noches de pesadilla, yo me diré a mi mismo, Alina, Alina, Alina, Alina. Alina, Alina, Alina, y volveré como a querer salirme de mi mismo, como si el cuerpo fuese la carcel de una onda enorme e, incluso así, me llenaré de felicidad. Alina, Alina, Alina. Pintaría cada centímetro de las paredes con él. Lo gritaría por las calles. Alina, Alina, Alina. Lo llevaré en mí, en mi boca siempre, como una bandera. En la lucha cotidiana por ser una persona mejor, por construir, por amar, Alina, Alina, Alina, tu nombre será quien me guíe.
miércoles, 23 de enero de 2008
Deseos de vida
1) Cuidar a Alina
Ofrecerle mis manos y todo mi ser, y que en cada instante sienta su calidez. Ayudarla siempre, protegerla y defenderla del mundo y construir otro con mis manos para ella.
2) Ser íntegro
Como un niño pequeño, como un bebé. Entregarme a Alina con pureza de espíritu, con el deseo de volver a nacer en sus brazos.
domingo, 20 de enero de 2008
El fumador
Hoy el fumador estaba en la ventana, con su cojín y su vaso de vino, fumando. Y su mujer salió con él. Ambos estuvieron charlando unos minutos así, pegados, juntos en la ventana. Fuese sobre lo que fuese, ambos sonreían. Y entonces yo quise ser el fumador. Iba a sacarles una foto, pero descubrí que la cámara estaba rota. Intenté arreglarla sin éxito y cuando volví a mirar ya se habían ido. Nada me pareció más deseable entonces que tenerte a mi lado, sonriendo los dos y mirando por la ventana.
Fundidos
Dice Luis Cernuda: "creo en mí mismo porque seré todas las cosas que amo". No decido racionalmente "ahora voy a pensar más en Alina", si no que, al cabo de los días me sorprendo un día a mi mismo y me doy cuenta que me he dejado de importar poco a poco, que he dejado de pensar un poco en mi daño, y que eres tú la que me preocupa, que es en tu bienestar en el que pienso, que es tu dolor el que me duele, que es tu desánimo el que me desconsuela y me angustia, que mi necesidad básica, visceral, profunda, no es tanto ser amado como cuidarte. Lo daría todo por poder consolarte y mimarte. Lo daría todo por devolverte la paz que te robé, por hacer realidad los sueños que te destruí. Y además, empiezo a entender que yo solo me puedo curar si dedico mi vida a curar a los demás. Yo, quiero construir, quiero hacer algo bueno por alguien. Bueno, no por alguien, por ti. Quiero devolverte todo, multiplicado. No quiero que me cuides, no quiero que estés pendiente de mí. Que bonito ha sido, cuanto me has dado, como me he sentido de protegido...pero ahora es .....como si no lo añorase tanto. Lo que realmente añoro es consolarte cuando estés triste, es sorprenderte, es hacerte reir, es protegerte, defenderte del mundo. Construirte un mundo a tu medida, un mundo lleno de delicias, de risas y de amor. un mundo lleno de caricias en el que todo sea transparente. Yo quiero ser lo que amo, quiero ser en ti, unirme a ti en todo, desaparecer en ti, descubrirme en ti de nuevo, crecer cada día en ti. Cogerte de la mano y no soltarla nunca, acariciarte durante horas, y que se me quede la mano dormida, ¡que tenga que ir al traumatólogo!. Fundirme en lo que más amo en el mundo, que eres tú. Fundidos
Increíble. El amor quema y ella era el cielo enviado
Increíble. En mitad de la angustia, enciendo la televisión y justo veo esta canción, con los subtítulos.
Love Burns
Never thought I'd see her go away
She learned I loved her today
Never thought I'd see her cry
And I learned how to love her today
Never thought I'd rather die
Than try to keep her by my side
Now she's gone love burns inside me
Now she's gone love burns inside me
Now she's gone love burns inside me
Nothing else can hurt us now
No loss, our love's been hung on a cross
Nothing seems to make a sound
And now it's all so clear somehow
Nothing really matters now
Now we're gone and on our way
Now she's gone love burns inside me
Now she's gone love burns inside me
Now she's gone love burns inside me
She cuts my skin and bruise my lips
She's everything to me
She tears my clothes and burns my eyes
She's all I want to see
She brings the cold and scars my soul
She's heaven sent to me
Now she's gone love burns inside me
Now she's gone love burns inside me
Now she's gone love burns inside me
Never thought I'd leave you like the way I do, yeah
Kiss my love and I wish you're gone
You can kiss my love and I wish you're gone
Never thought I'd leave you like the way that I do
Kiss my love and I wish you're gone
You can kiss my love and I wish you're gone
Now she's gone love burns inside me
Now she's gone love burns inside me
Now she's gone love burns inside me
Love Burns
Never thought I'd see her go away
She learned I loved her today
Never thought I'd see her cry
And I learned how to love her today
Never thought I'd rather die
Than try to keep her by my side
Now she's gone love burns inside me
Now she's gone love burns inside me
Now she's gone love burns inside me
Nothing else can hurt us now
No loss, our love's been hung on a cross
Nothing seems to make a sound
And now it's all so clear somehow
Nothing really matters now
Now we're gone and on our way
Now she's gone love burns inside me
Now she's gone love burns inside me
Now she's gone love burns inside me
She cuts my skin and bruise my lips
She's everything to me
She tears my clothes and burns my eyes
She's all I want to see
She brings the cold and scars my soul
She's heaven sent to me
Now she's gone love burns inside me
Now she's gone love burns inside me
Now she's gone love burns inside me
Never thought I'd leave you like the way I do, yeah
Kiss my love and I wish you're gone
You can kiss my love and I wish you're gone
Never thought I'd leave you like the way that I do
Kiss my love and I wish you're gone
You can kiss my love and I wish you're gone
Now she's gone love burns inside me
Now she's gone love burns inside me
Now she's gone love burns inside me
sábado, 19 de enero de 2008
Misticismo

Mirando siempre hacia dentro, no me veía, y parece que me encuentro cuando dejo de mirarme. En el proceso de vaciarme de mí, el hueco se va llenando con la forma que tengo de comportarme con los otros. Mientras estaba lleno de mí, no cabía nada más. Todo era la propia visión del yo y todo estaba observado previamente, y falsificado. Pero no somos lo que juzgamos que somos en ese círculo perverso, si no que somos lo que hacemos por los otros. El foco caía en el yo mismo inmovil que ocupaba toda la escena, y dejaba en la penumbra inobservada los actos del yo mismo en movimiento. Uno se juzgaba por una sucesión histórica de jurisprudencias donde había toda clase de delitos, antiguos y modernos, que podían ocupar tomos y tomos de polvorientas bibliotecas carcelarias. Y sin embargo, en el presente, donde se respira y late, se podía obrar con amoralidad impune. Porque lo único que se vigilaba era ese enorme yo petrificado y no la construcción cotidiana de uno mismo frente a los demás. El presente se juzgaba con el pasado. Pero no estamos hechos, nos hacemos a cada instante. No somos la piedra, si no la hiedra que la cubre. No nos pueden estudiar los arqueólogos, si no los naturalistas.
E igual que los místicos reniegan de su propio ser a la búsqueda de la unidad con dios, igual que el amor de las buenas madres a sus niños contiene el total desapego de si mismo, el auténtico amor necesita de esa pérdida de importancia de uno. Amamos a los demás, y con más ternura y verdad amamos, en tanto sea la otra persona la que más nos preocupe, más que nosotros mismos, la que ocupa el espacio más grande en nuestro interior. Amamos a los demás, no amamos nuestra manera de mirar como pretendemos amar. Me libero de mí para aprender a querer y en este aprendizaje para liberarme del peso del yo, sé que las miserias se volverán más pequeñas. Que tendrán más valor las caricias, que los actos dejarán de estar falsificados y vigilados, que todo se volverá puro y hermoso.
Por eso ya no quiero pensar ni en culpas ni en enfermedades, no quiero pensar en el dolor que siento a veces y procuro olvidar, no quiero pensar ni en el daño de tu ausencia, ni en otra cosa que no sea quererte, saber que tal has dormido, saber que tal te encuentras, saber si has merendado. Una mano, acariciando la otra mano. Tan poca cosa y tan enorme.
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